Braulio Hito: En mi vida he sufrido

En 1999 dejó de cantar sus hits comerciales y se hizo evangélico.

El cantante peruano en la plaza Abaroa, en una producción fotográfica.

El cantante peruano en la plaza Abaroa, en una producción fotográfica.

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega / La Paz

18:28 / 06 de febrero de 2019

Su vida es como un vals peruano, tiene un ritmo que cosquillea los pies pero debajo de la alfombra musical hay una historia lastimera. Braulio Hito vuelve a cantar aquellos temas que lo lanzaron a la fama. Dejó atrás su vida evangélica y a?os de migrante.

Fue allá por 1997 cuando el destino cambió por completo los días del cantante arequipe?o que roza los 60 a?os. Acabó uno de los muchos conciertos que dio en Buenos Aires y se metió al camerino escondiéndose del público, una fuga de gas y una colilla de cigarro fueron su mayor desgracia.

Dos a?os después de aquel hecho, el cantante renunció a sus piezas inmortales (Borracho, El rey de la cantina, Payaso, Amigo por qué tomas tanto, entre otros hits) y se decantó por la religión. “Ellos, los evangélicos, me dijeron ‘tu voz es la voz de Cristo’”, refiere el músico en un café de la plaza Abaroa. Fue así que decidió cantar para Dios.

Como evangélico hizo presentaciones en distintos países, incluso llegó a Bolivia para despedirse de aquellos temas que hace a?adas lo llevaron a la gloria. Fue de aquí para allá y donde más tiempo radicó fue en Estados Unidos. Allí también alzó la voz para alabar al Ser Supremo.

Recuerda que tras multitudinarios eventos, él recibía unos $us 100 de pago, poco comparado con los miles que obtenía en los días que era considerado El ídolo de América.

Decepcionado, decidió alejarse de la iglesia evangélica, “pero quiero que esto quede claro, nunca me alejé de Dios”. Y empezó a buscarse el pan de cada día como un migrante más en Estados Unidos. Trabajaba entre Nueva York y Nueva Jersey. “Estaba en factorías de judíos y tenía capataces ecuatorianos, algunos de ellos decían ‘cómo va a trabajar, nuestro ídolo…’”, pero ahí estaba cargando bultos de cebollas y papa. “Me pagaban siete dólares y veinticinco centavos por hora y a la semana reunía unos 300 dólares. Nos pagaban con cheque y al final de la semana mi sueldo era 160 dólares por impuestos”. Salía de su jornal a las 17.00 y a esa hora recién iba a almorzar.

Una tarde, mientras los trenes iban sobre su cabeza, ocurrió lo que él denomina “milagro”. “Estaba sentado esperando la wawa (bus) y escuché los acordes del Borracho. Caminé guiado por el oído y anduve por tiendas y shoppings hasta que me vi en la pantalla grande de un local, entonces se me fue el cansancio”.

Días después, fue al mismo local, pero esta vez se encontraba duchado y bien vestido. “‘Ave María purísima qué verraquera, aquí está Braulio Hito, pero ?dónde vas a actuar para irte a ver?’. El amigo colombiano no sabía que trabajaba bajando bultos”. Aquel día de 2013 decidió volver a interpretar sus éxitos anteriores.

Un grupo de ecuatorianos lo llevó a Londres, cuenta. De Europa volvió a Nueva York y de ahí otros ecuatorianos lo convencieron para ir a la ciudad espa?ola de Murcia. “En todos los sitios vi a bolivianos y canté para ellos, todos me conocían”.

Volvió a ser el de antes de aquella desgracia de 1997 y hoy está de retorno en la ciudad de La Paz, donde tiene dos hijas. “Voy a cantar los éxitos de siempre, mis éxitos”, cuenta el hombre que comenzó en la música a los 15 a?os, siendo guitarrista del cantante Isidoro Cholo Berrocal (1937-1983).

Su hit más conocido Borracho lo interpretó a los 17 a?os, recuerda. Así, a mediados de la década de 1970 empezó a forjar su destino. Cuenta que podía llenar escenarios con miles de personas, que coreaban sus temas. “Algunos lloraban y era algo indescriptible lo que mis ojos veían”.

En su retorno dice que interpretará lo que la gente le pida, en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez (calle Jenaro Sanjinés, esquina Indaburo). Las entradas son económicas, rondan entre Bs 40 y 60. Promete espectáculos inolvidables ma?ana y el viernes desde las 19.30.

“?En qué se inspira al cantar o escribir sus canciones?”, pregunta La Razón. él sonríe y un ligero velo de tristeza acompa?a a su expresión. “Vivencias, mis vivencias”, responde. Así es él, Braulio Hito, una sonrisa triste hecha música. O, como él mismo dice en Borracho… en esta vida “se sufre, pero se aprende”.

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