Juicio a la Revolución cubana

La Razón (Edición Impresa) / José Félix Díaz Bermúdez

23:54 / 24 de enero de 2019

Una revolución, cualquiera que ella sea, debe implicar transformaciones, la sustitución de un modelo por otro, el logro de un avance trascendente, la presencia de una mejora sustancial para todos. Se hace necesario identificar la profundidad de un cambio político, social, económico, cultural y moral orientado de manera incuestionable al mejoramiento de los pueblos que la realizan, y que deben ser sustancialmente beneficiarios de su construcción y resultados.

La idea martiniana de la revolución en Cuba, el auténtico concepto del gran José Martí, defendía la libertad del hombre, la dignidad humana, el fortalecimiento de la República, tal y como lo expresó en numerosos textos indicadores de su doctrina política, entre otros en aquel breve pero expresivo escrito Alea Jacta Est, publicado en El Federalista de México el 07 de diciembre de 1876.

“?Con qué se vuelven a matar los mexicanos? ?Con que se ha violentado una tradición, derrocado a un gobierno, ensangrentado un a?o a la patria, para volver de nuevo a ensangrentarla, para desacreditarnos más…? (…) ?Y qué mueve esos ejércitos?”. Con dolor y tristeza, cubana y latinoamericana desde luego, responde Martí: “No es la dignidad humana, lastimada en tiempos de vergüenza por una insolente dictadura y vejada en la voluntad de cada hombre por la voluntad nerviosa y exigente de un autócrata (…)”.

La autocracia que no quería ni como resultado del coloniaje espa?ol ni del propio, ya que para Martí una revolución y, en particular, la guerra de independencia debía representar “una conquista de principios, una desamortización de la conciencia, una resurrección de la dignidad”. “Una revolución es necesaria todavía –concluyó-: la que no haga Presidente a su caudillo…” para que no fuésemos como tantas veces: “infelices defensores de la voluntad de un hombre solo, con sus mujeres a su lado, con sus hijuelos palmoteando sobre la mochila”.

La Revolución cubana, que recientemente cumplió 60 a?os, debió ser aquello, la liberación del pueblo, terminación absoluta de cualquier dictadura, implantación auténtica de la democracia, respeto a los derechos humanos, ejercicio pleno de la crítica, respeto a la oposición política. Contraria a los conceptos de Martí que creía en la libertad del hombre, en la República y en “la bondad del sistema democrático electivo”, la Revolución cubana impuso una doctrina política, un partido único, la eternización de una dirigencia cuyo líder máximo, Fidel Castro, estuvo más de 50 a?os en el poder, sucedido por su hermano, en un sistema cuya particular “democracia” trata de justificarse en un sistema propio que en realidad no admite la alternabilidad, la pluralidad, la crítica, la autocrítica, la oposición efectiva, abierta y libre, sin sanción ni persecución por sus actos legítimos.

El sistema comunista no ha sido en más afortunado en materia de libertades ciudadanas y políticas, avances democráticos, mejoramiento económico, respeto a los derechos individuales, y específicamente ello se ha puesto en evidencia en el caso de Cuba y otros países. La propia Unión Soviética luego de 80 a?os de existencia tuvo de hacer el cambio, tuvo que dar el giro hacia un sistema mucho más democrático que el que imperó desde 1917.

El totalitarismo ha fracasado. El absoluto control de la vida pública y privada por parte del Estado supone la negación de los derechos individuales y sociales más elementales y reconocidos. El perjuicio y el atraso de la economía comunista ha sido evidente por su improductividad, por su dependencia a las ayudas y subvenciones exteriores, por el estado de miseria en muchos casos de la población. La pobreza repartida por igual y la imposibilidad de superarla no es justicia social para las mayorías, es parte de un sistema que niega la iniciativa privada, la libre competencia, el crecimiento y el mercado en condiciones socialmente útiles.

El socialismo moderno no niega las reglas democráticas, el Estado de Derecho, las elecciones libres, la justicia social, el desarrollo, no desconoce a la República y sus valores fundamentales.

* Abogado e historiador venezolano, exdocente universitario; @articulistasred.

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