Los filibusteros del pacífico

El libro de Carlos Lizárraga propone una nueva mirada a la pérdida del Litoral boliviano.

La Razón (Edición Impresa) / Ximena Murillo es analista

00:00 / 16 de enero de 2019

Bolivia nació con mar, es lo que aprendemos desde el inicio de nuestra vida y la historia relata la invasión chilena a los puertos bolivianos desde una perspectiva nacionalista con la consigna de que “un día volveremos a las costas del Pacífico”, es así que muchos historiadores han hecho énfasis en este desmembramiento territorial, y ahora, la obra Los filibusteros del Pacífico, de Carlos Lizárraga Morató, abre nuevamente la herida en una exhaustiva investigación que le tomó cinco a?os de labor minuciosa.

Este libro revela con profundidad aspectos oscuros de la Guerra del Pacífico (1879-1883), con relatos de pasajes que narran la inconformidad chilena, que desde la Colonia se beneficiaba indiscriminadamente de las arcas de Potosí, desde donde recibía cantidades de plata por órdenes del rey.

Durante los primeros a?os de la república continuó el robo de riquezas, aumentó la invasión silenciosa de los chilenos, quienes clamaban por trabajo durante la explotación del salitre y el guano.?El abuso de poder era una constante, llegando a su cúspide con el ataque y robo por corsarios chilenos en 1836 de los barcos de la Confederación Perú-Boliviana, (el principal promotor de esta unión fue el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana, ciudadano de ambas naciones), donde se destruyó un anhelo de la región en las batallas de Paucarpata (1837) y Yungay (1839).

Es revelador lo que documenta este libro sobre espionajes tramados que derivaron en el asesinato del presidente Agustín Morales (quien gobernó Bolivia entre 1871 y 1872) por su sobrino que trabajaba para Chile. Paralelamente, se tejían ambiciones en círculos de poder; así, durante la pésima administración de Mariano Melgarejo (1864-1871) se permitió que dos ciudadanos chilenos formaran parte del gabinete, como ministros plenipotenciarios de Bolivia ante Chile; a raíz de esa relación se encaminó la enajenación geográfica del Litoral.

Londres y Santiago firmaron compromisos para arremeter contra Bolivia y se formaron logias masónicas en ambos países para preparar la invasión al Litoral boliviano.

Existen documentos concluyentes acerca del actuar de las logias masónicas chilenas y bolivianas, donde personajes como Aniceto Arce, Rosendo Gutiérrez, Mariano Baptista y otros se sumaron a una lista de traidores que atentaron contra la soberanía de Bolivia. éstos negociaron internamente lo que ahora se reclama en cortes internacionales como parte de un clamor profundo y patriótico.

En el texto, de 300 páginas, no solo se relata la invasión artera y cobarde de Chile del 14 de febrero de 1879, que, como Caín, asestó una pu?alada tortuosa al país hermano, hollando nuestro suelo con las peores intenciones, donde vergonzosa y cobardemente recién el 5 de abril de 1879 se declaró oficialmente la guerra a Bolivia, con las connotaciones conocidas.

El texto también relata aquel periodo de tregua en 1884 en el cual ningún país debería mover un centímetro de tierra para su beneficio, pero no fue así porque Chile avanzó abiertamente en territorio patrio y se apoderó de grandes riquezas en las monta?as de Chilcaya, Ascotán, Lípez y Carangas, incluso hasta donde ahora llegan los reservorios de agua como el sur del río Loa y el río Lauca.

El estudio también muestra los planes invasivos con acciones precisas, como el estudio minucioso de la topografía de todo el departamento de Atacama realizado por el almirante Ramón Vidal Gormaz de la Armada chilena. él, luego de aprobados sus planos, bajo la venia del presidente Aníbal Pinto (1827-1829), repartió información entre los oficiales de su ejército para que los mismos no se pierdan en su recorrido por el desierto.

Otras controversias importantes son los grandes intereses de Inglaterra frente al apoyo económico de Francia a la deuda de Perú, así como los intereses de Estados Unidos sobre la controversia entre Chile y Perú, donde cuenta el asesinato del presidente estadounidense James Garfield en 1881 por oponerse a ceder el territorio a favor del país chileno. Al ver la debilidad de Bolivia, tanto naciones vecinas e intereses foráneos jugaron una pulseta por la que apostaron que el ganador podría meter mano a las riquezas que ese territorio tenía.

El autor afirma que el Tratado de 1904, de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas y la OEA (Organización de Estados Americanos), es nulo de pleno derecho por sus antecedentes como el dolo, la coacción y la amenaza, lo cual no se ha discutido hasta la fecha, salvo durante la demanda sobre la nulidad del Tratado en la liga de las naciones en 1920, donde luego se produjeron por voluntad expresa de Chile los ofrecimientos de una salida al mar con soberanía, pero que no tuvieron efecto por ser solo ofertas fraudulentas.

Todos los documentos apuntan a un accionar fraudulento y nocivo para las regiones vecinas con Chile ya que la consigna de sus gobernantes siempre fue expandirse a costa de la apropiación de territorios ajenos, es así que en 2013 se impuso una Demanda Marítima contra Chile en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

Este libro no pretende ser uno más en el librero que relata los sucesos de la misma manera que nos ense?an en nuestros primeros a?os escolares y repetimos a voz en cuello cada 23 de marzo, es un texto que contiene aspectos fundamentales y relatos inéditos que forman parte de una memoria mucho más fundamentada que solo una contienda bélica.

El escritor del libro es un médico ginecólogo de profesión que vivió en el municipio de Siglo XX (Potosí) y forma parte de instituciones de investigadores e historiadores de la ciudad de Cochabamba, donde actualmente radica.

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